Terenos de los astilleros en Gdańsk: un lugar que vale la pena visitar en verano.
La transformación de antiguas fábricas, imprentas, molinos u otros objetos industriales en espacios para eventos es actualmente muy trendy. Una de las mejores ideas de este tipo se puede ver en las antiguas áreas de astilleros en Gdańsk.
La vida nocturna de Trójmiasto se ha trasladado al astillero
Hace apenas unos años, las áreas del astillero estaban desoladas por edificios abandonados y la vista de grandes grúas. Hoy en día, hay vida tanto de día como de noche. Primero se creó la famosa Ulica Elektryków, conocida en toda Polonia. Rodeada de edificios con mucho ambiente, es un paraíso para los amantes de la música electrónica. Un poco más allá, ha surgido una interesante propuesta gastronómica: 100cznia. Viejos contenedores dispuestos como elementos del juego Tetris albergan los restaurantes más interesantes de Trójmiasto. La adición de arena y tumbonas convierte este lugar en un magnífico espacio para el verano.
Los bares y lugares de fiesta surgen como setas
Aunque la pandemia volvió a devastar las áreas del astillero, actualmente surgen nuevos conceptos uno tras otro. En los edificios del astillero se están abriendo más restaurantes, tanto de autor como grandes mercados de comida, como el W4 Food Squat. En el pabellón donde antes trabajaban los astilleros, ahora se puede comer una hamburguesa, tomar un cóctel y pasar un rato con amigos. Plener 33 es un lugar donde se puede venir durante el día y relajarse en una hamaca.
Sin embargo, la comida y la diversión no son las únicas atracciones que se pueden encontrar aquí. En el pabellón donde alguna vez se encontraba el taller de Lech Wałęsa, ahora se ha creado el Taller Pop Art. Allí se llevarán a cabo actividades deportivas, proyecciones de cine, conciertos de jazz y vernissages.
El astillero es un lugar tanto para niños como para adultos, tanto para fanáticos de las fiestas como para amantes de la comida. Sin duda, es un lugar que no se puede pasar por alto al visitar Gdańsk.
Autora del texto: Joanna Choma

